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El Alzheimer concentra hasta el 70% de la demencia global

Los hábitos que pueden proteger el cerebro

RESUMEN DE LA NOTICIA CON IA

El envejecimiento poblacional está transformando a la demencia —especialmente al Alzheimer, que representa entre el 60 % y el 70 % de los casos globales— en uno de los desafíos de salud pública más críticos y urgentes para la República Dominicana, lo que exige una intervención inmediata a través de políticas públicas y prevención.

Magnitud e impacto social: Las demencias no son solo una crisis médica, sino social. Actualmente, constituyen una de las principales causas de discapacidad y dependencia en adultos mayores, generando una carga económica y emocional devastadora para los sistemas de salud, las familias y los cuidadores.

Proyección de crisis a largo plazo: El problema tiene una tendencia exponencial. Impulsado por el envejecimiento demográfico, se proyecta que el número de afectados en el mundo escalará a 152 millones para el año 2050, lo que demuestra que la inacción actual colapsará los servicios sanitarios del futuro.

La realidad dominicana (Estimación de alerta): Aunque el país carece aún de un censo nacional definitivo, el estudio local 10/66 en Santo Domingo reveló una prevalencia del 11.7 % en mayores de 65 años. Al ilustrar este porcentaje a nivel país, la cifra supera las 100,000 personas afectadas, una métrica alarmante que justifica la urgencia epidemiológica señalada por el Ministerio de Salud Pública.

La ventana de la prevención: El argumento más esperanzador y que exige acción inmediata es que casi la mitad de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse modificando el estilo de vida. Esto convierte a la educación ciudadana en la herramienta más costo-efectiva para mitigar la crisis.

Perspectiva Futura

El panorama actual de la salud cerebral en la República Dominicana se encuentra en un punto de inflexión. Si bien los datos históricos han sido sectorizados, la próxima publicación del estudio Cadas (Caribbean American Dementia and Aging Study) ofrecerá las primeras estimaciones nacionales reales. Esto será el insumo definitivo para que el Estado deje de reaccionar ante la crisis y comience a planificar políticas públicas estratégicas de asistencia, financiamiento y prevención antes de que el cambio demográfico desborde al sistema.

El corazón también protege al cerebro

Coincidiendo con el llamado de Salud Pública, especialistas de Mayo Clinic destacan que las mismas decisiones relacionadas con el estilo de vida que ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares también disminuyen el riesgo de deterioro cognitivo y enfermedad de Alzheimer.

“Lo que es bueno para la salud en general también es bueno para el cerebro”, afirmó el neurólogo cognitivo Bryan Woodruff, de Mayo Clinic en Arizona.

El doctor explicó que, además de las placas de beta amiloide y las proteínas tau anómalas características del Alzheimer, muchos pacientes presentan daños en los vasos sanguíneos cerebrales y microinfartos, pequeños accidentes cerebrovasculares que ocurren sin síntomas evidentes y que reducen el aporte de oxígeno y nutrientes al cerebro.

“El cerebro, al igual que cualquier otro órgano del cuerpo, depende del sistema cardiovascular”, señaló.

Los hábitos que pueden proteger el cerebro

El especialista insistió en que la prevención comienza mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas.

En un conversatorio virtual, Woodruff, comentó que las mismas decisiones relacionadas con el estilo de vida que reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares también ayudan a disminuir el riesgo de deterioro cognitivo y enfermedad de Alzheimer.

“Lo que es bueno para la salud en general también es bueno para el cerebro”, afirmó.

  • El neurólogo también aconseja seguir una alimentación cardiosaludable, como la dieta mediterránea, basada en frutas, verduras y alimentos poco procesados
  • Dormir las horas suficientes, ya que el insomnio se ha relacionado con un mayor deterioro cognitivo
  • Mantener una vida social activa
  • Corregir los problemas de audición y visión, que pueden afectar la memoria y la interacción con el entorno
  • Evitar el uso prolongado de medicamentos sedantes sin supervisión médica
  • Realizar ejercicio físico de manera regular

Por ello, recomendó controlar desde edades tempranas los principales factores de riesgo cardiovascular, como la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el sobrepeso y el tabaquismo.
“Cuanto antes se aborden estos factores, mayor será el beneficio para el cerebro”, afirmó. Según Woodruff, un amplio estudio encontró que el deterioro cognitivo ocurre hasta dos veces más entre las personas sedentarias.

Además del ejercicio físico, recomienda mantener el cerebro activo mediante el aprendizaje de nuevas habilidades y actividades intelectuales. Estas experiencias fortalecen la denominada reserva cognitiva, una capacidad que ayuda al cerebro a compensar los cambios asociados al envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas.

“La reserva cognitiva no significa que uno sea inmune, pero proporciona cierto margen de protección frente a un problema neurodegenerativo”, explicó.

Diagnóstico tardío

El boletín epidemiológico de Salud Pública advierte que la carga real de la enfermedad podría ser mayor debido al subdiagnóstico.

Entre las principales causas figuran la creencia de que la pérdida de memoria forma parte del envejecimiento normal, el desconocimiento sobre los síntomas iniciales, el estigma asociado a la enfermedad y las limitaciones para acceder a una evaluación especializada, especialmente fuera de los grandes centros urbanos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), citada en el documento, indica que en numerosos países de ingresos bajos y medianos una gran proporción de las personas con demencia permanece sin diagnóstico, lo que retrasa el acceso al tratamiento y al apoyo que requieren tanto los pacientes como sus familiares.

Hasta el 45 % de los casos podrían prevenirse

Salud Pública destaca que la evidencia científica indica que hasta el 45 % de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse mediante la reducción de factores de riesgo modificables a lo largo de la vida.

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