El vuelo de Colí: Cuando el deporte y la identidad del Caribe convergen
Biodiversidad y deporte
Por Richard García
Santo Domingo – La conversación habitual al momento de que la República Dominicana aceptó el compromiso de recibir los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 solía enfocarse en atletas, infraestructuras y medalleros. No obstante, la elección de Colí como mascota oficial logró desviar la atención hacia temas más profundos: nuestra identidad insular y el deber con respecto a la biodiversidad caribeña.
Inspirado en el barrancolí (Todus subulatus), un diminuto cazador de apenas 11 centímetros de longitud y plumaje verde radiante con garganta roja, esta mascota no representa una figura comercial genérica. El barrancolí pertenece a la familia Todidae, un exclusivo linaje de aves que no existe en ninguna otra parte del planeta. Su presencia se limita estrictamente a las Antillas Mayores: La Española, Cuba, Jamaica y Puerto Rico.
Un vínculo biológico entre países hermanos
Que La Española sea la única isla en el Caribe que alberga a dos especies diferentes de esta familia (el barrancolí y el chicuí) hace que la República Dominicana se asemeje a un sagrado natural para esta raza primitiva. Sin embargo, lo que hace que este símbolo en Santo Domingo 2026 sea realmente valioso es su habilidad para combinar historia, geografía y biodiversidad:
“Proteger la naturaleza es proteger nuestra propia identidad. Cada río y bosque que conservamos mantiene vivo el canto de nuestras especies autóctonas.” Comité Olímpico.
Interconexión regional: El barrancolí dominicano tiene una relación cercana con el barrancolí multicolor cubano, el San Pedrito de Puerto Rico y el Jamaican Tody. El personaje recuerda que, en un evento donde participarán delegaciones de toda la región, los países del Caribe insular están conectados por una historia natural en común.
Rapidez y osadía: El barrancolí se distingue por sus acrobáticas y rápidas caídas en picada para apresar insectos en vuelo, a pesar de su pequeño tamaño. La tenacidad de los deportistas del Caribe, tanto en la pista como en la cancha, se refleja perfectamente.
Símbolo de preservación: Colí va más allá del acontecimiento deportivo. Destaca la necesidad urgente de proteger nuestros ecosistemas y bosques de la pérdida de hábitat y la deforestación en la isla.
Al encender el pebetero continental, la figura de Colí nos recuerda que el verdadero triunfo de ser anfitriones no solo se mide en medallas acumuladas, sino en la capacidad de celebrar quiénes somos, honrar el patrimonio natural que compartimos con nuestros vecinos y dejar un legado de conciencia ambiental para las próximas generaciones.
RG.