Por Aquiles Olivo Morel
Santo Domingo. -Todos los sectores de la República Dominica (RD) muestran preocupación por el alza de los combustibles, los cuales no cesan de calar, como consecuencia de la Guerra de Irán y EE.UU. cuyo final no se vislumbra a corto plazo, sea por las exigencias de las partes parga firmar un plan de paz o por los aspectos ocultos que obran para frenar cualquier acuerdo entre estos países.
En la RD el ministro de hacienda, Magin Díaz, expreso que los subsidios a los combustibles están afectando las arcas del Estado, detallo como hasta el momento unos 36 mil millones de pesos se han destinado y que proyectan que esta suma subiría hasta unos 50 mil millones.
Por igual, los empresarios expresan que los fletes para trasladar los alimentos empujaran una subida de los precios en los mercados nacionales.
El sector transporte también ha mostrado su preocupación, en ocasión ha evitado la subida de los precios de los pasajes, urbano e interurbano.
Nadie ignora el esfuerzo realizado por el gobierno para seguir manteniendo la estabilidad de los precios de los combustibles subsidiando sus precios en la amplia cadena de comercialización.
Los países que no son productores de petróleo enfrentan situaciones difíciles en todo el aparato productivo por el hecho que encarecen sus costos de producción, lo que lo obliga a incrementar finalmente sus productos.
Recientemente el presidente de la Republica hizo la advertencia de que los alimentos se iban a incrementar, lo que genero de inmediato la reacción de diferentes sectores, los cuales esperaban que no se pronunciara de esta manera, sobre una realidad sensible en la cadena de comercialización.
En todo el comercio, sea este minoritario o al por mayor, los precios de los alimentos experimentaron alzas que los salarios de los trabajadores no pueden cubrir.
Antes de que finalice el mes cientos de miles de asalariados empiezan a realizar maniobras para tratar de llegar al final del mes, fecha en que vuelven a disponer de sus ingresos.
La realidad resulta compleja. El presidente se resistió en su primera gestión a impulsar una reforma fiscal, en el momento en que contaba con amplio apoyo político y la economía se encontraba en franco crecimiento.
La reciente reforma fiscal por un monto de 40 mil a 50 mil millones para contener el impacto o efecto de esta guerra ha resultado insuficiente y el gobierno estará obligado a recurrir a otras maniobras para fortalecer sus finanzas, y así atender los compromisos del ejecutivo todos los meses.
En los próximos meses el país será agitado políticamente y de seguro el tema de los alimentos, los combustibles y el alto costo de la vida aflorará en la capacidad discursiva de los candidatos.
Seria aconsejable que los responsables del manejo de la actividad financiera pensaran en como propiciar o evaluar un desmonte gradual de los subsidios, especialmente aquellas que privilegian ciertos sectores, como recurso para evitar esos saltos bruscos de incrementos.
Tendrá gran repercusión para los electores la forma de presentar las propuestas para poder alcanzar los niveles de simpatía que todo aspirante a la presidencia debe lograr, sea explicando la necesidad de una reforma fiscal o los sacrificios necesarios para seguir manteniendo la estabilidad macroeconómica.
El subsidio a los combustibles podría ir convirtiendo en una carga muy pesada, la que unida al pago del servicio de la deuda, la nomina mensual, a todos los servidores públicos, el pago del dinero de la seguridad social y demás tamas, al final de mes, redundarían impulsando al ejecutivo a agilizar las maniobras para recaudar fondos adicionales para seguir marchando en el ambiente de una economía sana y con poco riesgo a largo plazo.





