¡Feliz día de la materia masculina!
La paternidad no es un estado estático
Por HUMBERTO CONTRERAS VIDAL.
En el mundo de la ciencia, se reconoce a Antoine Lavoisier como el “padre de la química moderna”. Fue él quien formalizó la ley de la conservación de la materia, la famosa idea de que: la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma. Hoy, al celebrar el Día del Padre en la República Dominicana, esta ley adquiere un sentido profundamente humano. La paternidad no es un estado estático; es la química perfecta del carácter masculino, un proceso constante en el que el hombre se transforma y se convierte en un ser protector que brinda estabilidad y refugio.
Pensemos por un momento en la naturaleza de los elementos químicos. Tomemos como ejemplo el sodio (Na), un metal altamente reactivo, o el cloro (Cl2), un gas corrosivo y peligroso cuando están en estado puro. Separados, representan un riesgo para la mayoría de las personas; sin embargo, al unirse mediante un enlace químico, se transforman en cloruro de sodio (NaCl), la sal común que sazona y contribuye a preservar la vida en nuestro hogar.
De la misma manera, los valores de un hombre dominicano (la responsabilidad, la empatía, el trabajo honrado y la ternura) actúan como ese enlace químico. Al combinarse con el amor hacia su esposa e hijos, el hombre tiende a dejar de lado los impulsos aislados que le caracterizan para conformar una estructura familiar estable, segura y llena de vida. El padre es ese elemento activo que decide reaccionar con su entorno para dar forma a un compuesto donde reine la paz, donde se preserva la existencia de los seres humanos.
En este día tan especial, se envía un abrazo desde el alma, apretado y sincero a todos los padres que hoy están materialmente presentes. A esos hombres de carne y hueso. Esos hombres que están en estado sólido, que caminan unidos a sus seres queridos. A los que ríen en la mesa, a los que secan sus lágrimas en silencio ya los que no dudan en despeinarse para jugar con sus hijos.
Y de manera muy especial, rendimos tributo a aquellos padres que se han ido. Aquellos que se han convertido en energía pura. La ciencia nos enseña que nada desaparece en el universo, y la fe nos confirma que el alma trasciende. Ellos no se han ido: su energía habita en el calor de los recuerdos, en la luz de sus enseñanzas y en el amor que dejaron sembrado en nuestros corazones. Que la fuerza del Altísimo lleve paz, consuelo y conformidad a los corazones que aún transitan el proceso de asimilar esta inevitable transformación. Nada se puede contra una ley del Altísimo.
A los que hoy permanecemos presentes en esta forma tan particular de energía concentrada (que llamamos “sólida”), celebraremos este estado de la existencia. Disfrutemos la hermosa ilusión de estar vivos, la dicha de sentir el calor de un apretón de manos y la bendición de poder darnos un abrazo tangible.
¡Que la alegría llena cada hogar dominicano y que la fuerza del amor siga transformando a nuestros hombres en el mejor elemento para sus familias y el mundo!
Nota final para la reflexión: Este texto trasciende el enfoque científico que caracteriza nuestros textos. Interrelaciona la materia con la fe y la trascendencia del alma, se aleja del rigor científico para abrazar una lectura humana. Por esta razón, su análisis sólo cobra verdadero sentido cuando se observa desde un enfoque integral donde convergen la física, la química, la teología y la filosofía.
El autor es doctor en ciencias químicas y reside en Santiago de los Caballeros. huco71@gmail.com