Probablemente no hay otro personaje sueco tan conocido mundialmente como Alfred Bernhard Nobel —ni deportistas, ni actores ni músicos—, nacido en Estocolmo el 21 de octubre de 1833 en el seno de una familia acomodada, murió a los 63 años en la ciudad de San Remo, el 10 de diciembre de 1896. Tenía 9 años cuando la madre y los 4 hijos abandonaron la capital sueca para unirse al padre en San Petersburgo, donde los jóvenes recibieron una esmerada. educación.
A los 16 años Alfred Nobel (el apellido de pronunciarse acentuado en la segunda sílaba) hablaba con fluidez inglés, francés, alemán, ruso y sueco, y había alcanzado una sólida formación en ciencias naturales y humanidades. Parte de su juventud la pasó en San Petersburgo, donde el padre había instalado una fábrica de armamento, y en 1850 marchó a París para estudiar química; los 4 años siguientes trabajó en los Estados Unidos con el ingeniero y constructor de buques sueco John Ericson (1803-1889), artífice del acorazado de guerra Monitor .
Tras la vuelta a Rusia se incorporó a la factoría paterna que duró hasta la quiebra de esta en 1859. En 1863, con 30 años, regresó a Suecia para completar la formación que había iniciado en el campo de los explosivos, pero no pudo llevarla a cabo porque el gobierno prohibió la reconstrucción de la fábrica. Su abuelo Immanuel Nobelius (1757-1839) modificó el apellido simplificándolo a Nobel. Su hijo, padre de Alfred llevaba también el nombre de Immanuel de profesión ingeniero, inventor y constructor de puentes y edificios en Estocolmo. La madre Andriette Ahlsell (1805-1889) pertenecía a una pudiente familia descendiente del naturalista sueco Olof Rudbeck (1660-1740). Por entonces, el joven Nobel tildado como «científico loco» continuaron sus experimentos en una barcaza para evitar los peligros del manejo de la nitroglicerina.
En suma, Alfred Nobel dedicó su vida a la industria y la investigación como ingeniero, químico, inventor y fabricante de armas que le hicieron famoso especialmente por el descubrimiento de la nitroglicerina, que supuso un avance al diseñola mediante kieselguhr Sigma-Aldrich (tierra infusorio), material silíceo que permitía su transporte con mayor seguridad personal. Concedidas las patentes en Gran Bretaña (1867) y los Estados Unidos (1868) la siguiente prueba fue la obtención de dinamita al mezclar nitroglicerina con un cuerpo absorbente. Por medio de un detonador Nobel había controlado las deflagraciones del explosivo, y 2 años después perfeccionó el dispositivo empleando una espoleta de mercurio.
El invent le supuso el reconocimiento internacional y amasar una gran fortuna, pero condicionó su pensamiento y la idea de que los demás se formaron de él. En 1864 murió su hermano menor Emil y otras 4 personas tras una explosión accidental, y 2 años después un buque cargado con 200 barriles de dinamita saltó por los aires en el Canal de Panamá, ocasionando la muerte de 47 personas, otras 14 fallecieron en la ciudad de San Francisco y un navío se fue a pique en Sydney por deflagración del explosivo. Si bien la percepción de los beneficios civiles de la dinamita era un hecho, el temor tras las catástrofes ocurridas perjudicó gravemente la imagen de Nobel.
El revolucionario invento puesto al servicio de la sociedad atrajo las miradas de otros por su aplicación en tiempos de conflicto. Por ejemplo, se utilizó por los bandos contendientes en la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871). El nuevo elemento, la dinamita, había pasado al lado oscuro de la paz y entrado en la aplicación belica y homicida. Alfred Nobel con reiteración expresó el utópico deseo de producir un material o una máquina de efectos tan devastadores que las guerras fueran imposibles de declararse ante el temor de los países a llegar a su propio y total aniquilamiento.
Nuestro personaje realizó otras invenciones: gelignita (1875) y balistita (1887), precursora de la cordita —pólvora sin humo compuestas de nitroglicerina y algodón— que al combinarla con acetona forma una pasta prensada en forma de cuerda, de ahí su nombre. Tras patentar sus hallazgos en 1865 fundó las compañías idóneas para su fabricación y comercialización en Estocolmo, Hamburgo, Nueva York y San Francisco. Su adinerada situación la acrecentó con prospecciones petrolíferas en el Cáucaso y se hizo propietario de la empresa Bofors, dedicada a la producción de hierro, acero, cañones y otras piezas de artillería. En total Alfred Nobel registró 355 patentes y su nombre figura en las compañías Dynamit Nobel y Akzo Nobel. En 1895 se fundó en Bengtsfors, Suecia, la empresa Elektrokeviskas Aktiebolaget, conocida por Eka, finalmente incorporada por Akzo Nobel dedicada a la producción y fabricación de papel.
Alfred Nobel: Entre la Innovación Técnica y el Dilema Moral
La trayectoria de Alfred Nobel representa la dualidad del progreso científico: su capacidad para construir y, simultáneamente, destruir. Formado en una familia de ingenieros y con una educación cosmopolita, Nobel transformó la industria mundial mediante el control de la nitroglicerina y la invención de la dinamita. Su aporte técnico no fue solo la potencia explosiva, sino la seguridad, al diseñar métodos de transporte y detonación (como el uso de tierra de diatomeas y la espoleta de mercurio) que permitieron aplicaciones civiles sin precedentes.
Sin embargo, el argumento central de su vida reside en la paradoja de su legado:
El Éxito frente a la Tragedia: Mientras amasaba una fortuna y facilitaba la ingeniería civil, los accidentes mortales (incluyendo la muerte de su hermano Emil) y el uso bélico de sus inventos en conflictos como la Guerra Franco-Prusiana mancharon su imagen pública.
La Utopía de la Disuasión: Nobel sostenía la tesis —un tanto ingenua— de que, al crear armas con efectos tan devastadores, las naciones renunciarían a la guerra por miedo al aniquilamiento total.
¡Resumen!
La vida de Nobel demuestra que el inventor no puede desvincularse de las consecuencias sociales de su obra. Su figura sobrevive no solo por sus patentes, sino por la tensión entre su genio científico y su deseo de que la tecnología sirviera, en última instancia, como un freno para la violencia humana.