La cualquerización de los gremios periodísticos y de la comunicación
Dirigir es propiciar tranquilidad
Por: Marisela Gutiérrez
Es doloroso observar cómo cada vez los profesionales del periodismo y la comunicación son cualquerizados: desplazados, desvalorizados y utilizados como piezas prescindibles. Así mismo las preguntas obligatorias son:
-¿Quiénes son los responsables de esta degradación?
-¿Los mismos profesionales que se prestan al juego?
-¿Los gremios que deberían defenderlos y terminarán negociándolos?
-¿La sociedad que consume desinformación sin exigir calidad?
-¿O los gobiernos que ven en estos espacios una oportunidad de control?
Dentro de cada gobierno existe el interés de infiltrar, manipular o adueñarse de los gremios, creyendo que así pueden manejarlos. Pero la realidad demuestra lo contrario. Buscar un chivo expiatorio que haga el trabajo sucio no resuelve el problema de fondo.
¿Qué importa si un gremio responde o no a un partido político? ¿Qué importa si la cabeza operadora se prestó a la acción y un pequeño grupo la acompaña?
Lo verdaderamente grave es que se subestime la conciencia colectiva. Porque los gremios no son una firma ni una directiva: son personas con pensamiento, con criterio, con dignidad. Y esos no cambian su forma de pensar ni de sentir por conveniencia ajena.
De nada vale que algunos sean usados y otros sean los que usan, si al final quienes realmente sostienen el gremio no entran en el juego. Ahí es donde fracasa la manipulación. Ahí es donde queda al descubierto la cualquerización: cuando se sacrifica la ética por control, y se pretende llamar a quienes aún creen en el ejercicio digno de la comunicación.
El periodismo no se debilita solo desde afuera. También se erosiona cuando desde adentro se olvida para qué existe. Los gremios no fueron creados para vender a sus miembros como si fueran mercancía barata. Fueron creados para defender su mayor valor: sus miembros.
Cuando un gremio se presta a negociar dignidad, credibilidad y principios, deja de ser representación y se convierte en intermediario del abuso. Y lo más irónico es que el chivo que utilizan para ejecutar esa acción termina siendo descartado.
Porque al final fue usado para lo único que servía: hacer el trabajo sucio, cargar con el desgaste y recibir el desprecio cuando ya no resulta útil.
Así opera la cualquerización:
Se sacrifica a unos, se manipula a otros y se cree, erróneamente, que todos van a callar. Además los gremios no son una firma ni una cabeza visible; son conciencias que observan, recuerdan y pasan factura.
Y cuando un gremio olvida para qué fue creado, deja de proteger a los suyos y empieza a destruirse desde adentro.
No escribo para gustar, escribo para que reflexionen y entiendan que los gremios no se cambian; quienes deben cambiar y no solo de rostro son quienes los dirigen.
- Para dirigir no basta un rostro ni un cargo.
- Se requiere humanidad, lealtad y humildad.
Se necesita tener claro que dirigir es transformar, abrir oportunidades y construir un ambiente sano basado en el respeto, la confianza y la paz.
Dirigir es propiciar tranquilidad y también amor entre compañeros, porque un gremio no se sostiene desde el miedo ni desde la imposición, sino desde la conciencia colectiva.
Quien dirige debe ser parte neutral ante cualquier situación, pero al mismo tiempo esa mano firme y sensata que toque la conciencia y saque lo mejor de cada uno de sus miembros. Porque liderar no es figurar. Es servir, cuidar y elevar.
No escriba para agradar, escriba para que despierten