Comenzó la otra zafra
Los partidos políticos tienen la tarea sagrada de mirar hacia su interior
Por Miguel Ángel Cid Cid
La zafra comenzó, los grupos oligárquicos pretenden seguir imponiendo su voluntad. El gobierno y los partidos políticos se resisten a abandonar su sistema injusto. Los hijos de la tierra, los eternos excluidos divisan nuevas perspectivas para superar lo vivido.
Fue a esos excluidos que Frantz Fanon llamó: “Los condenados de la tierra” en su libro publicado en Francia en 1961. La obra fue traducida al español por Julieta Campos, dos años después.
El año 2025 se acabó con un balance negativo. Para algo debería servir la memoria, toca revisar cada día del año anterior con miras a superar sus entuertos. El que inició hace unos cuantos días —el 2026— debe levantarse sobre los escombros del pasado.
Es revertir los efectos destructivos de la catástrofe amerita un esfuerzo especial de todos los sectores sociales, políticos y religiosos. Porque los procesos sociopolíticos se construyen con dedicación, voluntad y disciplina. No. No son automáticos.
Nunca se han construido procesos sociopolíticos a fuerza de papeleta y soplando brisitas plásticas.
Acorde con lo anterior, la oligarquía nacional, igual que los grupos oligárquicos locales deberían deponer su práctica de imposición. Imposición de políticas públicas efectivas para mantener los privilegios odiosos que han tenido siempre.
Al gobierno y a los partidos políticos, por su lado, les corresponde enderezar el sistema de gestión política del país. Transformar el sistema hacia uno más justo y transparente. Uno que garantice una redistribución equitativa de los recursos nacionales.
Los partidos políticos tienen la tarea sagrada de mirar hacia su interior, hacer conciencia de lo que vieron para asumir las consecuencias. Una limpieza —dolorosa pero necesaria— no le vendría nada mal.
Los religiosos, sobre todo las cúpulas de las diferentes denominaciones, deberían, —igual que los partidos políticos— ver sus entrañas. La mayoría está clarita que, si hacen esto, lo que van a divisar es aterrador, insoportable, imposible de enmendar. Pero después de miles de años en la ceguera voluntaria, algo humano podrían hacer.
Los sectores de clase mencionados arriba, si juntan las tareas que corresponden a uno y otro grupo el país estaría a la puerta de un proceso general de desarrollo. De desarrollo local. Un desarrollo en el que los principales beneficiados serán esos mismos grupos dominantes. ¿Por qué?
Es simple, los condenados estarían satisfechos. En aptitud de colaborar para que el desarrollo avance un día tras el otro. Por tanto, la oligarquía, el gobierno, los partidos políticos y las iglesias cosecharían sus frutos en abundancia. Una garantía para la gobernabilidad.
A los hijos de la tierra sólo queda pedirles que sigan rogando por justicia social. Que continúen la lucha por dejar de ser los eternos excluidos. Porque “los condenados de la tierra” están acostumbrados a la resistencia. Pero divisan siempre perspectivas que renuevan las esperanzas de superar lo vivido.
Porque a fin de cuentas el país es de todos sus ciudadanos. Parafraseando a Jean Paul Sartre en el prefacio del libro de Fanon: “La riqueza de los países desarrollados viene de los subdesarrollados”. Entonces, la de un país en particular tiene su origen en la explotación de los excluidos de siempre.
En suma, la gobernabilidad depende del diálogo honesto, basado en el respeto al otro. Depende de un acuerdo que dé al traste con la exclusión de “Los condenados de la tierra”. Entonces podremos exclamar —finalizado el 2026— ¡misión cumplida!
Miguel Ángel Cid
cidbelie29@gmail.com
Twitter: @miguelcid1
30 diciembre 2025