Por Aquiles Olivo Morel
Los precios han empezado a elevarse consumiendo los ingresos de las personas, las cuales se las ingenian para poder llegar a fin de mes, atendiendo los altos precios de los alimentos, las facturas de los servicios y el costo elevado de cubrir sus necesidades básicas.
Además de cubrir las elevadas alzas de la canasta familiar el precio de la electricidad, el internet y demás servicios se convierten en una pesada carga de difícil cumplimiento con el salario devengado.
Muchas personas se ven precisadas a recurrir al endeudamiento para cubrir las responsabilidades que día a día se van generando en el entorno familiar: atenciones de salud, medicamentos y otras necesidades.
A veces los indicadores presentados por el gobierno sobre la marcha de la economía señalan la sanidad y el crecimiento, lo cual no se refleja en el bolsillo de las personas, en su cotidianidad.
Sectores como turismo, minería, construcción y bares y restaurantes evidencian la fortaleza económica y como esta resiste el embate de los altos precios de los fletes y las subidas del petróleo, sin embargo, una gran parte de la población se queja de estar al margen de estos beneficios.
Recientemente la inflación empezó a deslizarse por encima de su estándar el 4.00 o 4.5% situándose en el rango de los 5.5.%, alterando la tranquilidad lograda luego del esfuerzo de la Covid19, momento en el cual alcanzó 8.5%, en casi todos los países de la región.
Los precios de los alimentos alteran la tranquilidad del Banco Central de la Republica Dominicana (BCRD), el cual ha externado recientemente que trabaja arduamente para someter el IMAE, el índice de precio del consumidor bajo control.
Los productos de primera necesidad (Canasta Básica) han experimentado un incremento que con los sueldos devengados por los trabajares se hace muy difícil adquirir regularmente y alcanzar los días entre un salario y el próximo.
Este desafío silencioso se va convirtiendo en elemento que hace que la popularidad del gobierno y el partido oficialista experimente repentinamente una caída de popularidad, aunque existan otras razones de igual importancia.
Se dispone de suficiente experiencia en la sociedad dominicana para aceptar que la estabilidad macroeconómica ha beneficiado al país, también se tiene la convicción en que ha transcurrido tiempo suficiente de los años señalados de crecimiento para que estas quejas no se sigan expandiendo.
En los últimos 40 años el país ha crecido en promedio por encima de los 4.5% del PIB, necesario para que la sociedad pueda exhibir otros escenarios de beneficios en aquellos grupos de menores ingresos.
Aunque la economía dominicana ha mantenido una de las tasas de crecimiento más altas de América Latina durante décadas, numerosos hogares perciben que los aumentos salariales no han compensado completamente el incremento acumulado en el costo de la vida.
El grito de los altos precios no solo afecta a quienes bajos ingresos sino también a la clase media considerada una de mayor estabilidad, con poca vocación a unirse a las históricas protestas de la carestía de la vida.
La situación de la economía es muy compleja para todas las personas, sin importar el extracto social, los precios, las facturas, los servicios, y las cargas de los medicamentos impactan por igual a todos los que conviven en la dinámica de una transición global que van esparciendo una incertidumbre en todos los sectores de la sociedad.
El verdadero desafío para la República Dominicana no es únicamente seguir creciendo, sino lograr que ese crecimiento se traduzca en una mejora tangible de la calidad de vida de la clase media y de los sectores trabajadores.





